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Buque Museo Corbeta A.R.A "Uruguay" |
| CARACTERÍSTICAS PRINCIPALES |
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Eslora:
46,36 m
Manga: 7,63 m Puntal: 5,4 m Calado medio: 3,5 m Desplazamiento: 550 toneladas. |
| HISTORIA |
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Así como la fragata Presidente Sarmiento es símbolo de buque escuela, nuestra corbeta Uruguay, es símbolo de soberanía sobre nuestro Sector Antártico, Patagonia y Tierras Australes. La Uruguay, pequeña y famosa nave, tiene un extenso historial de hazañas y trabajos. Después de un centenar de años a flote, es uno de los buques más gloriosos, de mayor historia que conservamos y esto hace resaltar la grandeza de su pequeño tamaño. La cañonera Uruguay, en realidad nunca ha tenido aparejo de corbeta, ha sido siempre una barca con gavias dobles. Fue construida en Inglaterra en los famosos astilleros de Laird Brothers, de Birkenhead, donde años después sería construida la Presidente Sarmiento, y botada en febrero de 1874. La actuación de la corbeta como buque escuela comenzó en 1877.
La Escuela Naval del Comodoro Urtubey que funcionó en el vapor General Brown, fue reorganizada y trasladada a la Uruguay. En noviembre de 1878, durante la estadía en Santa Cruz de la Uruguay, se produjo un acontecimiento de los más importantes de la Marina Nacional: los exámenes finales y el egreso de la primera promoción de la Escuela Naval. Se componía de sólo cuatro cadetes, que fueron los primeros oficiales nativos que habían hecho cursos completos en el país. Poco después la Uruguay zarpó para Buenos Aires adonde arribó el 14 de enero de 1879.
El gobierno argentino, justamente preocupado por los expedicionarios, resolvió enviar a la Uruguay, después de prepararla adecuadamente para la lucha contra el hielo. A tal electo la nave sufrió las siguientes modificaciones:
Por una afortunada casualidad tres semanas antes habían llegado a Cerro Nevado tres expedicionarios que habían invernado un año cerca del monte Bransfield (parte Norte de la península Trinidad) y, el día siguiente de la llegada de la Uruguay, arribaron el capitán Larsen y seis tripulantes del Antarctic. Informaron que el buque sueco, veterano ya de varias campañas polares, se había hundido destrozado por los hielos, y que el resto de los tripulantes sobrevivía en una cabaña. Poco después la Uruguay ponía proa hacia la isla Paulet, recogía los náufragos y emprendía el jubiloso regreso. Pero entonces el mar austral, asombrado ante tanta audacia, pareció reaccionar como indignado de que le hubieran rescatado sus víctimas. Un terrible temporal se abatió sobre la nave. Para imaginarlo dejaremos que nos hagan el relato, tres testigos de importancia que iban a bordo de la Uruguay: el segundo comandante teniente de fragata Ricardo Hermelo y los alféreces de fragata Felipe Fliess y José María Sobral, que lo describen así: ...
Una vez que la Uruguay cargó los cajones de fósiles en la bahía Esperanza, el 11 de noviembre, siendo las 5 p.m. se puso proa al Norte, navegando por el Mar de la Flota con rumbo tal que dejaríamos al Oeste la isla 25 de Mayo. El 12 por la mañana teníamos esta isla por el través de babor, pero a causa del mal tiempo fue apenas avistada, esfumada por la bruma. Desde ese momento el mal tiempo fue nuestro compañero. El viento soplaba continuamente en borrasca rondando entre el Noroeste y el Sudoeste. A la tarde nos pusimos a la capa. Al atardecer, permitiéndolo el viento, se largaron las cangrejas, estay y velachos. EL 13 y 14 prosiguió el vendaval y en la madrugada del 15 el viento alcanzó una velocidad de 50 nudos, llegando los rolidos de la Uruguay a 40°. A la mañana temprano del mismo día se notó que el palo mayor se había roto a la altura de la encapilladura. A las 9 se advertía que el trinquete también se había roto, poco más o menos en la misma parte que el mayor y, como fuera imposible todo arreglo, se decidió picar las burdas y echar al agua los masteleros y vergas de gavia. El comandante y el segundo invitaron a Larsen a prestar ayuda con su gente, trabajando en el palo mayor, mientras la tripulación de la Uruguay se encargaba del trinquete y de maniobras del barco. En el mesana no había nada que hacer, pues el palo quedó intacto. El trinquete fue el primero que cayó al mar; se deslizó despacio, casi sin ruido; después le siguió el mayor hacia el lado contrario, hacia estribor. Naturalmente, durante la maniobra, la máquina se mantuvo parada a fin de evitar que la hélice fuera dañada. A medio día la Uruguay fue puesta a rumbo y en marcha, pues los restos de la arboladura ya estaban lejos y no había ningún peligro para la hélice. Esto es todo lo que pasó". Nosotros agregamos: ¡Y creemos que bastante!"- ....
La llegada a Buenos Aires fue apoteótica y el veterano velero entró con sus palos mayor y trinquete mochos, como una paloma herida, escoltado por más de treinta embarcaciones, llenas de público y el aullar de las sirenas de los buques del puerto. En el muelle, unas cien mil personas dieron una inolvidable bienvenida a la gallarda nave y sus tripulantes. En meses posteriores los mamparos de la Uruguay se cubrieron de placas, en las que muchas instituciones testimoniaban su admiración por el feliz rescate. Pero la corbeta quería nuevos laureles y al año siguiente, en 1904 vuelve a la Antártida en busca de la expedición francesa del sabio Charcot. Esta vez su ayuda no fue necesaria, pero nuestros marinos volvieron a tomar contacto y adquirir experiencia sobre la Antártida Argentina. Así con esta pequeña y frágil nave, se afrontaban nuestros peligrosos mares australes, se navegaba el Drake, se navegaba el Cabo de Hornos, se reaprovisionaba Orcadas en 1904/1905; 1906/1907; 1908; 1910; 1915; 1918; 1919; 1920; 1921 y 1922. También se llegaba a la isla San Pedro (Georgias del Sur) como en 1909, 1910, 1915, 1918 y 1919, aprovisionando la Sociedad Argentina de Pesca, estación ballenera, de carbón y víveres y aun levantando cartas y efectuando hidrografía. En 1926, después de 52 años de activísimos servicios, fue radiada; pero si lo hecho no bastara, aún debía ser útil. Durante muchos años permaneció sin arboladura, convertida en polvorín flotante, en las aguas de Río Santiago. Los cadetes de la Escuela Naval, muy cercana, pasaban a su lado sin reconocer ese casco, aún fuerte, que dormía sus sueños marineros. Pero, en 1954, se reaccionó y por orden del Director de la Escuela Naval, la Uruguay fue reacondicionada y su arboladura reconstruida. Entonces volvió a lucir airosa y elegante. Se resolvió destinarla a buque museo de la Escuela Naval y que su tripulación estuviera formada por una dotación de honor de los cadetes de mejores aptitudes marineras. ¡Hermoso final de una nave que es una historia flotante! -. Ya en 1960, la Uruguay debió hacer un pequeño viaje para honrar a un viejo amigo. El Alférez de Navío Sobral cumplía 80 años y se le entregaba una medalla recordatoria de su aventura antártica. La vieja nave fue remolcada, con todo cuidado, hasta el puerto de La Plata, para servir de marco a la ceremonia, y el viejo héroe de la Antártida, aún gallardo, tuvo el último adiós de su fiel compañera. Por un decreto especial del 27 de octubre de 1955 figuró de nuevo en "actividad" en la Armada y el 6 de junio de 1967 por decreto Nº 3968 fue declarada Monumento Histórico Nacional, estando amarrada actualmente en Puerto Madero, cerca de la fragata Presidente Sarmiento.
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Fuente: Sitio Oficial de la Armada Argentina (www.ara.mil.ar) |